Imágenes y Palabras del disco más importante de Dream Theater : “Images & Words”

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ANIVERSARIO N° 25 DE “IMAGES AND WORDS” DE DREAM THEATER

El 7 de julio del año 1992 tuvo lugar algo crucial para la maduración del ya existente mas aún marginal género prog-metalero: la publicación de “Images And Words”, segundo álbum de estudio de la ahora venerable banda DREAM THEATER. Celebramos las bodas de plata de este disco con esta retrospectiva: parece mentira que este disco suene tan fresco y tan vital después de tantos años, que persista en ser un hito inolvidable desde que salió a los estantes de las tiendas de discos en ese 7 de julio de 1992 por vía del sello ATCO. Las sesiones de grabación correspondientes tuvieron lugar entre los meses de octubre y diciembre de 1991 en los Bear TracksStudios y The Hit Factory bajo la producción de David Prater. Este disco marcó el debut de la alineación considerada por muchos como la auténticamente clásica (aunque demasiado breve) dentro de la extensa trayectoria del quinteto formado en Long Island, Nueva York, a mediados de los 80s: John Petrucci [guitarras], Kevin Moore [teclados], Mike Portnoy [batería y percusión], John Myung [bajos] y James LaBrie [voz y coros]. Siendo este último el único no estadounidense de la banda – nació en Penetanguishene, ciudad de la provincia canadiense de Ontario – él era el nuevo miembro del vecindario cuando “Images And Words” remeció a buena parte del público metalero y, de paso, hizo que buena parte del público progresivo parara las orejas. El grupo ya había debutado fonográficamente con “When Day And Dream Unite” en el año 1989 por vía de Mechanic Records (una sucursal de MCA), contando entonces con Charlie Dominici como vocalista. Los tres amigos de la Berklee College of Music Petrucci, Myung y Portnoy, junto a Moore (procedente de la State University of New York en Fredonia y amigo de secundaria de Petrucci) y el mencionado Dominici lograban concretar un aporte fáctico a la maduración del género metal-progresivo, pero los vientos de cambio soplaban raudos y urgentes cuando la incompatibilidad de estilos musicales entre Dominici y el cuarteto de instrumentistas llegó al punto de quiebre definitivo antes de que terminara ese año 1989. Para entonces ya estaban compuestos nuevos temas como ‘Metropolis Pt. 1’ y ‘To Live Forever’, así que todavía tuvo oportunidad Dominici de formar parte del anticipo de los tiempos nuevos a la vuelta de la esquina, además de actuar en ese concierto donde los DREAM THEATER telonearon a MARILLION en el Ritz de Nueva York. Ése fue el último momento de Dominici en el grupo. Mientras el grupo se preparaba para abordar una temporada de búsqueda de un nuevo vocalista, logró deshacerse del contrato de grabación con Mechanic Records y obtuvo otro más promisorio con Atco Records (que actualmente se llama EastWest), una sucursal de Elektra Records. El cazatalentos Derek Shulman – sí, ese Derek Shulman que en su momento fue frontman de GENTLE GIANT – fue el motivador de este negocio. Ya entonces Kevin James LaBrie era parte del quinteto, algo que supuso una ardua tarea de búsqueda donde más de 200 aspirantes hicieron audiciones: incluso John Arch, exvocalista de la banda amiga FATES WARNING, fue parte de esta nutrida lista de aspirantes, pero aunque la banda estaba a punto de confirmar su interés en él, el mismo Arch cambió de idea y decidió dedicarse en exclusiva a mantener su hogar (precisamente el motivo que le había hecho abandonar FATES WARNING). El momento clave ocurrió en enero de 1991 cuando el grupo escuchó una maqueta del grupo de glam metal canadiense WINTER ROSE y hubo consenso inmediato sobre la pertinencia de convocar a LaBrie, el cantante, a las filas de DREAM THEATER. Y claro, el resto es historia, como se suele decir. Pero como estamos solo concentrados en el año de “Images And Words”, pues pasamos a concentrarnos en su repertorio de inmediato.

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‘Pull Me Under’ da inicio al disco con un punche enorme que sabe edificar una escalada gradual hasta el asentamiento definitivo de su cuerpo central, siendo así que la mezcla de estándares de RUSH, METALLICA, YES y FATES WARNING con la que se arma las secuencias de mudanzas y estribillos revela una ingeniería muy inteligente a pesar de que no se trata de una canción con demasiados vericuetos rítmicos. El perfil de dicha ingeniería hace que los clamores naturalmente ostentosos del solo de guitarra que habrá de entrar a tallar en algún momento no se salgan nunca del encuadre general. La letra, hecha por Moore, refleja la sensación de determinación fatal que Hamlet (sí, ese personaje de SHAKESPEARE) asume al decidir de una buena vez salir de su espiral de miedos y confusión para salir al frente en venganza de su padre (“Watch that sparrow falling, / Gives new meaning to it all. […] I’ll take seven lives for one / And then my only father’s son / As sure as I did ever love him / I am not afraid.”) La emergencia de vibraciones machaconas en la dupla rítmica poco antes del primer estribillo da buena cuenta del estupor que el joven nobles danés siente ante su propia determinación. El abrupto final de la canción designa el cumplimiento de esta fatídica misión de honor (“O, that this too, too solid flesh would melt.”): la vida de Hamlet queda segada con la caída del telón final para su misión moral. Es bien sabido que no solo fue el hit del disco sino también el único hit radial de la banda en toda su historia. La segunda canción del álbum también versa sobre la fatalidad, pero esta vez se trata del caso de la vida real de la detección de cáncer al padre de John Petruci: estamos hablando de ‘Another Day’, una hermosa power-ballad (su secuela vendrá 3 años más tarde en ‘Take Away My Pain’, la elegía al padre ya muerto que forma parte del álbum “Falling Into Infinity”, del año 1997). Sostenido sobre ceremoniosos y cálidos motivos melódicos, esta balada nos remite a estándares del AOR al estilo de JOURNEY y FOREIGNER con un sobrio toque sinfónico que se sustenta básicamente en las orquestaciones de sintetizador. La presencia de Jay Beckenstein (de SPYRO GYRA) como invitado al saxofón soprano ayuda mucho a la hora de colorear y potenciar la elegancia inherente a la melodía diseñada para la ocasión: su orientación jazzera ayuda en el realce del desarrollo melódico. El primer momento de estruendo progresivo del disco se plasma en la esplendorosa canción ‘Take The Time’. Comenzando con complejas pulsaciones de bajo y batería sobre un trasfondo de minimalistas capas de sintetizador, el ensamble instrumental entero se dispone a gestar una continua explosión de colores sónicos hasta el final. Se incluye parte de un monólogo de la bella película italiana Cinema Paradiso antes de la irrupción del amplio intermedio instrumental (“Ora che hoperso la vista, ci vedo di più”). También hay en el solo de guitarra, en el minuto 4’19”, una breve cita de ‘Pull Me Under’, un recurso que no habrá de ser nada extraño en la mayor parte de los siguientes álbumes de la banda, y ni siquiera en este mismo álbum que recordamos ahora. Más adelante sacaremos a colación este detalle.

Las cosas se ponen un poco más calmadas y reflexivas con ‘Surrender’, aunque desde luego también tiene bastante punche en su desarrollo meridional. Ostentando una equilibrada confluencia de inspiraciones en YES, KANSAS y los RUSH de los 80s, esta hermosa canción comienza con un prólogo y un epílogo guiados sobre la presencia exclusiva de teclados y voz, abriendo espacios para el resto de la instrumentación en la crucial elaboración del cuerpo central, diseñado especialmente para el lucimiento de la guitarra. La letra es razonablemente críptica, pero fiel a la preferencia de Moore por temáticas introspectivas y existencialistas, apela a la ascensión hacia un tipo de comprensión de una verdad sobre el yo mismo que por mucho tiempo estaba velada y que exigía una especie de reflexión trascendental: estas líneas finales resultan reveladoras – “I know it’s easier to walk away / Than look it in theeye, / But I have given all that I could take / And now I’ve only habits left to break. / Tonight I’ll still be lying here surrounded / In all the light.” Si ‘Surrender’ cierra la primera mitad del álbum con un tenor de intimista elegancia, ‘Metropolis Pt. 1: The Miracle And TheSleeper’ (o simplemente ‘Metropolis Pt. 1’) abre la segunda mitad del disco con un derroche magnífico y contundente de señorío musical, rico en prodigalidades melódicas, desafiantes esquemas y quiebres rítmicos, suntuosos contrastes de atmósferas, todo ello dentro de un marco prog-metalero que se convirtió instantáneamente en un paradigma del género. El subtítulo de ‘Part 1’ fue puesto por Petrucci como una broma, pues reamente no había en su mente ni en el contubernio grupal realizar una secuela para esta canción (la segunda más larga del álbum con sus 9 ½ minutos de duración), pero como ya sabemos, la “presión popular” llevó finalmente a que se hiciera una segunda parte que ocuparía un disco entero, “Metropolis Pt. 2: ScenesFrom A Memory”, el primero con Jordan Rudess en las filas de DREAM THEATER. Simultáneamente, esta broma se basaba en un homenaje a RUSH y su concepto de ‘Cygnus’, que comenzó con la última canción del disco “A FarewellTo Kings” (1977) y concluyó con el lado A entero del disco siguiente “Hemispheres” (1978). Bueno, yendo a esta canción en sí, es totalmente natural que con su combinación de majestuosidad melódica, garra aparatosa e ingeniería sofisticada se haya convertido en un estándar no solo del microcosmos de DREAM THEATER sino también del macrocosmos del prog-metal. Un hito, simple y llanamente un hito. El sigiloso preludio anticipa convincentemente la imparable vitalidad de sonidos y ritmos que ha de imponerse sin parar hasta el fin. La extensión de la segunda mudanza permite al segundo estribillo concretar un garbo apropiado para la apertura hacia el sublime intermedio instrumental, tan imposible de memorizar como de olvidar tras la primera escucha. Una mención especial debe ir para el tremendo juego de escalas que arma el genial y hermético Myung a poco de pasada la frontera del quinto minuto y medio. Con su suntuoso cóctel de elementos de YES, MAHAVISHNU ORCHESTRA, KING CRIMSON y FRANK ZAPPA en un organigrama signado por los emblemas cruzados de IRON MAIDEN y EMERSON, LAKE &a PALMER, este intermedio regula sus variantes de motivo y ambiente con nervio y descaro, sin importar cuán chocantes resulten en algunas instancias particulares. Suena estrambótico, ¿verdad? Incluso tal vez ilógico… pero los instrumentistas de DREAM THEATER lo hicieron posible en el glorioso intervalo de 4’16” a 8’04” de este excelso delirio metropolitano. Si bien tiene personalidad propia, también cumple con la función de estructurar los cimientos del pasaje final que celebra la compleción de la tercera danza con la cual concluye la trama metafísica de la letra – “Before the leaves have fallen, / Before we lock the doors, / There must be the third and last dance, / This one will last forever. / Metropolis watches and thought fully smiles, / She’staken you to your home.” ‘Under A Glass Moon’ es la canción más sistemáticamente heavy del álbum, siguiendo una estructura estandarizada de mudanzas y estribillo y un pretencioso intermedio instrumental antes del último estribillo. Petrucci y Moore se lucen como si nada en dicho intermedio, haciendo que sus respectivos solos recojan la cosecha de la canción precedente con ágil musculatura. Tal vez es justo advertir que encontramos aquí las mejores letras que jamás haya escrito Petrucci: “I smile at the moon / Chasing water from the sky. / I argue with the clouds / Stealing beauty from my eyes.”

Pero si de letras se trata, entonces nos queda a todos nosotros claro que Moore es el mejor letrista que ha tenido jamás DREAM THEATER en toda su historia. Él se lució ya en ‘Pull Me Under’ y ‘Surrender’, pero se supera a sí mismo en la breve balada de piano y voz ‘Wait For Sleep’, hermosa y majestuosa, imponente a despecho de su brevedad. Estrofascomo“She stares at the ceiling and tries not to think / And pictures the chains she’s been trying to link again / But the feeling is gone” y “In with the ashes / Or up with the smoke from the fire / With wings up in heaven / Or here, lying in bed, / Palm of her hand to my head. / Now and forever curled / In my heart and the heart of the world” ilustran mágicamente el tristerelato de la niña que se siente perpetuamente angustiada y tiene problemas para dormir tras ver morir a su hermana mayor en un incendio. Pero alguna esperanza de calma tendrá cuando en un ensueño se le aparece el espíritu de su hermana, prometiéndole que será su ángel guardián. De esta canción salió el título del álbum, y también de una canción con letra de su autoría había salido el título del primer álbum, ¡qué cosas!, ¿no? Engarzada con ‘Wait For Sleep’ está la última y más larga canción del disco, ‘Learning To Live’, la misma que dura 11 ½ minutos. Con letra de Myung centrada en el mal del SIDA y la exigencia de solidaridad para con sus víctimas (“The way that your heart beats makes all the difference / In learning to live. / Here before me is my soul, / I’m learning to live. / I won’tgive up tillI’ve no more togive. / No more to give!”), la canción exhibe las mismas dosis de fastuosidad que ya encontramos en las canciones #3 y #5, pero esta vez con un manejo un poco más mesurado de la perenne explosividad rockera y un nivel de lirismo melódico más consistente. Son de destacar el solo de guitarra acústica de tenor Latin-fusion que surge alrededor del quinto minuto y medio así como el ascenso vocal que hace LaBrie sobre la frontera del séptimo. También hay una cita grupal del motif central de ‘Wait For Sleep’ remodelada con un meticuloso encuadre sinfónico para que una vez se dé un diálogo entre la guitarra de Petrucci y el sintetizador de Moore: ella sirve para que la secuencia de la última sección cantada y el pasaje final geste el perfecto final del disco en camino hacia el fade-out. “Spread before you is your soul, / So forever hold the dreams within our hearts. / Through nature’s inflexible grace, / I’m learning to live…” El serpenteo de la guitarra y el flotante arreglo coral sostenidos sobre un ágil groove en 15/8 se hacen debido eco del candor propio de la solidaridad. ¡Qué fantástica experiencia melómana! ¡Tan grande hoy como hace 25 años!

El plan original que el grupo tenía en mente para la estructuración del repertorio que ya había sido compuesto para “Images And Words” era para un CD doble, plan al cual el sello ATCO bajó el dedo cual implacable emperador romano en el circo: a pesar del buen nombre que esta joven banda ya tenía y que les llevó a este sello, la gente de ATCO no quería exponerse a algo tan ambicioso tan pronto. Uno de los ítems que quedaron fuera fue la suite ‘A Change Of Seasons’, una pieza ya clásica en el catálogo de DREAM THEATER en base al EP que publicaron en 1995 (ya con Derek Sherinian en el rol de tecladista). En esta primera fase post-Moore, la suite en cuestión tuvo algunas modificaciones en su letra (obra de Portnoy, quien se inspiró en la trágica muerte de su madre en un accidente de aviación cuando él era todavía quinceañero para trazar un relato místico en torno al anillo eterno de la vida y la muerte), mientras que LaBrie añadió algunas ideas vocales y el recién ingresado Sherinian aportó algunos solos de su cosecha. Durante la época de Moore, la suite estaba ceñida al estándar del metal neo-clásico con fuerte inspiración en el paradigma de YNGWIE MALSTEEM, incorporando interesantes recursos barrocos en varios de sus pasajes más explosivos. Otra canción significativa dentro de los primeros años de DREAM THEATER que quedó fuera del abortado sueño del doble CD es la semibalada ‘To Live Forever’, canción que el grupo había compuesto cuando Dominici aún formaba parte de su alineación. Portando una estructura sencilla de corte pop-rock bajo cierta influencia de U2 (de hecho, ver el documental Rattle And Hum les inspiró a crear un jam sostenido sobre un sencillo desarrollo melódico), esta canción fue la primera en mostrar una de las facetas menos grandilocuentes de la banda. De todas maneras, esta canción tenía el destino de ser publicada oficialmente alguna vez y ese momento se dio cuando ocupó el lado B del single ‘Lie’, extraído del álbum “Awake” (1994), tercero de la banda y el último con Moore como integrante. De hecho, el buen Kevin hizo su último aporte poético a DREAM THEATER añadiendo la estrofa final a la versión definitiva: “I found you where they left you there. / A passing word that’s gone forever.” En el vídeo en vivo “Images And Words: Live In Tokyo”, el grupo extiende la susodicha canción hasta un espacio de casi 12 minutos, incluyendo Petrucci en sus extensas improvisaciones una cita de ‘Within You, Without You’, esa composición hinduista que George Harrison aportó al histórico disco de THE BEATLES “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts’ Club Band”.

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Hablando de “Images And Words: Live In Tokyo”, este ítem publicado a mediados de noviembre de 1993 recoge la mayor parte de la actuación que el grupo dio en el Nakano Sun Plaza de Tokio en el día 26 de agosto de ese mismo año, junto a entrevistas con los integrantes mismos y amigos, y también los vídeo-clips promocionales de ‘Pull Me Under’, ‘Another Day’ y ‘TakeThe Time’. Una anécdota musical muy peculiar – junto a la antes mencionada de la cita de una canción de THE BEATLES – es que el grupo realiza la introducción instrumental ‘Puppies On Acid’ para ‘Take The Time’, y es que justamente esa introducción habrá de servir, en una versión un poco más larga, poco después como prólogo de la dupla de ‘TheMirror’ y ‘Lie’ en el disco “Awake”. El repertorio del concierto se centró básicamente en el contenido íntegro de “Images And Words” más dos temas del primer álbum, la canción que lo abría, ‘A Fortune In Lies’, y el instrumental ‘Ytse Jam’, excitante híbrido de IRON MAIDEN y RUSH que servía de pretexto perfecto para que Portnoy se luciera en un maratónico solo de batería. ‘Wait For Sleep’ fue utilizado como preludio a ‘Surrounded’, una buena idea para resaltar ese aspecto de dinamismo lírico que Moore sabía brindar con toda naturalidad a la magnificencia recurrente del mundo musical de DREAM THEATER. También cantaron ‘Another Day’ pero quedó fuera de la versión original del vídeo, así como la fastuosa ‘Metropolis, Pt. 1’, canciónde apertura de la que solo escuchamos los primeros pasajes durante la lectura de los créditos iniciales. El encore consistió en el medley de ‘Eve’ (bellísimo instrumental centrado en el piano de Moore) y ‘Learning To Live’… ¡qué forma tan cálida de concluir un gran concierto de esplendorosa música metal-progresiva! Volviendo a ‘Eve’, se trataba de un tema gestado durante esas sesiones del “Images And Words” con la mente puesta en el proyecto del álbum doble, pero como la idea fue rechazada, entonces se grabó una nueva versión para el disco siguiente “Awake”. Rechazado una vez más del repertorio final, pasó a ser el lado B del single ‘The Silent Man’. Tal vez resulta justo decir que la experiencia de “Images And Words” se completa con la apreciación de “Images And Words: Live In Tokyo”, pues realmente se nota que en el grupo todavía reinan la buena onda y la bonhomía mientras los integrantes disfrutan de un prolongado momento de gracia creativa.

Este 25to aniversario de “Images And Words” no ha pasado desapercibido a sus propios gestores, como es natural. Las cosas son un poco distintas desde que JordanRudess se erigió en el nuevo tecladista definitivo del grupo desde fines de los 90s y desde que Mike Mangini reemplazó a un cada vez más egocéntrico y controlador Portnoy tras la gira del “Black Clouds & Silver Linings”; también es verdad que LaBrie ya acusa el peso de los años y el desgaste de mil años de actuaciones en vivo, pero el grupo sigue adelante invocando a las musas y rockeando hasta el final del camino, y una cosa así hay que saludarla, según nuestro parecer. Ya con Rudess a bordo, el grupo ha gestado discos épicos como “Metropolis Pt. 2: ScenesFrom A Memory”, “Six Degrees Of Inner Turbulence” y “Octavarium”, y con Mangini como nuevo baluarte de la batería y las percusiones, el grupo realizó una estupenda vuelta a sus raíces con “A Dramatic Turn Of Events” y, más recientemente, el doble concept-album “The Astonishing”. Este disco exigía una gira con una puesta en escena ostentosa, y apenas terminada ésta, el quinteto actual se ponía a preparar su gira de celebración de las bodas de plata del disco que ahora nos ocupa, la cual se llamó “Images, Words & Beyond 25th Anniversary Tour”, cuyo tramo estadounidense comenzará el 25 de octubre en el Fox Theater de Oakland, California, y habrá de concluir el 3 de diciembre en el Cullen PAC de Houston, Texas. Pero todo empezó en escenarios europeos (desde Italia hasta la República Checa, pasando por Alemania, Francia, los Países Bajos, Suecia, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Gran Bretaña, Polonia y Rumanía) entre el 30 de enero y el 20 de mayo pasados, más algunas fechas de setiembre repartidas en Australia, Japón y Corea del Sur. Todo un periplo que dignifica en buena medida la vitalidad a nivel mundial que las imágenes y las palabras del cosmos musical de DREAM THEATER brindan a su fanaticada y a los amantes del rock en general desde fines de los 80s.

Reseña: César Inca Mendoza Loyola

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IQ: “Subterranea”, su obra cumbre cumple 20 años

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Setiembre de 1997 fue un mes muy especial para la escena rockera progresiva mundial porque fue cuando el grupo IQ publicó una de sus obras cumbre: el doble CD “Subterranea”. Con este sexto trabajo de estudio del grupo británico no solo logró afianzar su proceso de maduración estilística iniciada con su álbum anterior “Ever” (del año 1993), sino también concretar su sueño de grabar un ambicioso disco conceptual, dándose en este caso una sesuda labor de exploración y desarrollo para las ideas de la autodeterminación, el crecimiento emocional, el ansia de libertad y, finalmente, la fatalidad. Por supuesto que esta combinación de encuadres conceptuales en la narrativa articulada en la poesía del frontman Peter Nicholls debe tener un cariz necesariamente trágico, y nos referimos a lo trágico en su dimensión más conmovedora. Una bendición para este IQ dispuesto a renacer de las cenizas en las que quedó hundido a fines de los 80s que Nicholls regresara para quedarse. Con este álbum, el entonces recientemente renacido ensamble heroico de la nueva ola del rock progresivo británico (neo-progresivo para quienes gustan de las etiquetas facilistas) seguía integrando a los integrantes fundadores Mike Holmes (guitarras y guitarra-sintetizador) y Martin Orford (teclados y coros) junto al antes mencionado frontman Peter Nicholls y el baterista-percusionista clásico Paul Cook, además de un John Jowitt (bajos, pedales bajos y coros) que se sentía totalmente aunado al universo musical de IQ desde inicios de los 90s. Para esta ocasión también tuvo lugar la primera vez en que Holmes incorporaba ocasionales labores de teclista al entramado instrumental de la banda. Tony Wright fungió de invitado al saxofón en un par de canciones (no fue la primera vez que colaboró con este genial quinteto ni tampoco será la última). La fecha oficial de publicación de esta monumental obra doble fue el 5 de setiembre de 1997, justo a tiempo para que las primeras ventas pudieran tener lugar en dos conciertos en The Met, un local de Manchester que siempre recibió con los brazos abiertos a IQ a lo largo de los años.

Fue largo el proceso en que el grupo se puso a diseñar la línea de trabajo y la creatividad con miras al disco que tenía que aprovechar el buen momentum creado por “Ever” y su consecuente gira. La cosa “empezó” a fines de 1994 e inicios de 1995 cuando la banda empezó a testear nuevas ideas en los conciertos, como cuando el prólogo instrumental de lo que luego maduraría como la larga suite ‘The Narrow Margin’ se utilizaba como introducción a ‘The Darkest Hour’, además de una versión instrumental de la canción posteriormente bautizada como ‘Breathtaker’. Ya en 1996, la banda tocaba los primeros minutos de la más desarrollada ‘The Narrow Margin’ (bajo el gracioso título inicial de ‘Clanck Tingy Tingy’) y la dupla de ‘Laid Low’ y ‘Breathtaker’ (ya con letra y bajo el título de ‘Big Pouf Paino’). Para entonces, la banda ya había anunciado su agenda de grabar un disco en otoño de 1996 para que éste se convirtiera en una real entidad fonográfica a fines del mismo año. Pero, como así son las cosas de la vida, y a pesar de rechazar ofertas de tocar en festivales para concentrarse en la preproducción, grabación y masterización del nuevo disco, la gente de IQ anunció que el disco se postergaba hasta abril de 1997… ¡y luego hasta setiembre de 1997! Pero esta segunda desazón quedaba con creces aliviada por el hecho de que se iba a tratar de un disco conceptual doble con un relato de base. ¡Como los clásicos “The Lamb Lies Down On Broadway” de GENESIS, “Tommy” y “Quadrophenia” de THE WHO! La expectativa creció enormemente y ya el asunto pendiente era llevar a buen puerto este nuevo enfoque creativo. Aunque las sesiones de composición y grabación fueron un tanto agotadoras e inconstantes – todos los integrantes tenían que ganarse la vida con un empleo “serio” – todo fluía bien bajo las circunstancias. Una vez estaba Nicholls saliendo de su trabajo y, camino al metro, aprovechó que pasaba cerca de la casa de Orford para visitarle y así grabar con él una pequeña muestra de lo que después sería ‘King Of Fools’ a partir de una letra que se le había ocurrido esa misma mañana. También hubo un momento de sinergia grupal cuando se decidió que el motif central de ‘Infernal Chrous’ debía incluir una breve parada, lo cual dio pie a Nicholls a imaginar que el personaje central de “Subterranea” se daría cuenta en ese momento de que tiene un cuchillo en su mano y está en posición de atacar al espía que le viene atormentando desde hace días (más adelante, los detalles). Una mágica confluencia de inspiración musical, poesía y dramaturgia. El concepto del álbum está inspirado en el dramático caso del joven alemán Kaspar Hauser, quien vivió sus primeros años de vida recluido en un cuarto oscuro de estrechas dimensiones. Con la apariencia de un muchacho de unos 16 años, como si nada apareció este misterioso ser deambulando por las calles de Nüremberg el 26 de mayo de 1828; siendo llevado a una comisaría, el personaje en cuestión anotó su nombre en un papel. Convertido instantáneamente en una dramática celebridad local, su corta vida terminó tras ser acuchillado gravemente en diciembre de 1833. El gran cineasta alemán WERNER HERZOG hizo la película Jeder für sich und Gott gegen alle (también conocida como El enigma de Kaspar Hauser) inspirado en la trágica vida de este señor.

A partir de este antecedente histórico, las letras de Nicholls desarrollan la historia de un joven anónimo, encerrado desde su más tierna infancia en un laboratorio psicológico experimental ubicado en una vieja torre medieval en un bosque, bajo la dirección del Dr. Mockenrue. Un buen día, liberado de su encierro, se dirige bajando por la estepa hasta llegar a la gran ciudad, donde experimentará los avatares de la vida urbana, así como a generar sus propias emociones de miedo, inseguridad, fe religiosa, amor – todo ello bajo la soterrada vigilancia de unos espías que van monitoreando su conducta. El hábitat de su elección inicial es el de los pasadizos del metro pues está instintivamente ligado al (perverso) confort de su anterior vida cautiva. Su breve historia de amor con una mujer llamada Maya es especialmente reveladora pues ella no solo le brinda sus afectos de mujer sino que también le da un nombre, le bautiza, le convierte en una concreción individual propiamente dicha. Pero este idilio es efímero y la repentina desaparición de esta misteriosa musa que parecía haber salido de la nada deja turbado al protagonista, sacando de sí una tristeza que antes no había conocido, unas ansias de venganza que no sabe explicar. Una vez que se percata de que hay gato encerrado en esta situación, que tal vez sea objeto de observación e investigación por parte de unos espías, confronta y mata a uno de ellos no sin antes sonsacarle el nombre de su jefe. Esto le causa una fuerte crisis espiritual, una turbia duda motivada por la capacidad drásticamente destructiva que acaba de descubrir dentro de sí. Su rabioso jolgorio de saber que es capaz de defenderse cede pronto a una imborrable mancha de homicida culpa. En fin, nuestro protagonista tiene que sobrevivir así que gana algo de dinero haciendo trabajos de poca monta y asumiendo un perfil bajo mientras reside en sucesivos departamentos alquilados: mientras tanto, sigue percibiendo la presencia de espías por aquí y por allá. La furia y el ansia de libertad lo llevan a plantear una franca rebeldía ante el Doctor, llegando incluso a conocer a otras personas que se encuentran bajo el mismo predicamento: un tatuaje común les delata como compañeros de desventuras. Dado su talante especialmente carismático, el protagonista se erige como su líder y los dirige en una marcha para enfrentar y asesinar al Doctor Mockenrue, pero los matones de éste se adelantan y los apresan, encerrándolos en una fábrica abandonada a la que prenden fuego. Nuestro protagonista había dejado de ver a la humanidad como una manada de neuróticas estampidas y ya empezaba a soñar con un recurso de socialización que le permitiera ser una entidad autónoma, pero el sueño se desvaneció sin más. En medio de todo el caos mortal en llamas, él cree ver a la bella Maya: ¿es ella una de las víctimas de Mockenrue o fue tan solo un agente de fingimiento a su servicio?… ¿o simplemente fue un espejismo de su desesperado delirio? Nuestro héroe es el único que se salva de la masacre, pero al entender que en el mundo exterior él es un peligro tanto para los demás como para sí mismo, decide, por propia voluntad, regresar a los cuarteles de Mockenrue para reinstalarse en su encierro inicial: comprender su condición de esclavitud es una verdad que no lo libera, solo le permite aceptar su fatal destino. Otra lectura alternativa del pasaje final es que el protagonista decide vivir como un homeless y renunciar a toda sociabilidad porque el mundo no necesita de sus destructivos sueños heroicos, por lo que decide reducir su vida a la mínima praxis posible. Se trata, al fin y al cabo, de otro tipo de encierro, por lo que la moraleja de la cruel verdad que expusimos unas líneas más arriba también se aplica aquí. La ambientación cavernícola de esta trama parece aludir a la famosa alegoría de la caverna que ocupa los pasajes iniciales del Libro VII del clásico filosófico de PLATÓN La República. Pero si en el caso de este ambicioso testimonio de la doctrina platónica, el proceso de conocimiento y autoinspección es la vía para superar la ignorancia y liberarnos por vía del saber, en el drama de “Subterranea”, nuestro protagonista solo cosechó con la siembra del saber el afianzamiento de la perpetua esclavitud de su cuerpo y su psique. Una noción retorcida y descorazonadora, sin duda… ¡y también, aunque nos duela, progresivamente genial!

IQ STC

Dada la naturaleza especialmente dramática de la trama narrativa, es de entender que este disco resulte más denso y agresivo musicalmente que su glorioso predecesor “Ever”, el cual ostentaba un talante más melancólico y reflexivo en un clima generalmente muy colorido. También hay que tener en cuenta que la peculiar poesía del frontman Nicholls ahora debía ajustar muchos de sus crípticos recursos metafóricos a una historia concreta, por lo que su inspiración se debió orientar a estos delineamientos conceptuales. En lo musical, “Subterranea” muestra un tratamiento especialmente duro de las guitarras, una solidez mayúscula de la sección rítmica, y en cuanto a los teclados, un acento oscuro en las cortinas y armonías, además de unos recurrentes efectos de aspereza en varios de los solos. Respecto a lo dicho sobre los enfoques sonoros de las guitarras y los teclados, éstos son factores que seguirán afinándose y afilándose en discos ulteriores de IQ. Atención que algunos pasajes aparente de escalas de guitarra electroacústica son realmente escalas de teclado, así como algunas capas y solos de sintetizador resultan ser de la guitarra-sintetizador: un ejemplo está en la primera mitad de ‘Somewhere In Time’, donde los retazos de fluta sintética tras el segundo estribillo emanan de cuerdas, no de teclas. Por otro lado, la ambientación siniestramente etérea de ‘The Sense In Sanity’ se sostiene por las labores duales de Orford y Holmes a los sintetizadores. En líneas generales, el grupo presume a lo largo del disco de haber conquistado un enfoque moderno para este nuevo explayamiento de su visión progresiva del rock, lo cual resulta perfecto para complementar la tendencia hard de algunas ejecuciones así como para completar idóneamente el swing intenso y extrovertido de varios pasajes particularmente marchosos. Las ideas melódicas están muy inspiradas y los arreglos son manejados con ingenio y con un iluminado sentido del ensamble; los instrumentistas saben acoplarse en un todo orgánico efectivamente funcional. Todo comienza con el medley inaugural de ‘Overture’ (mención especial al sampleo inaugural de orquesta calentando motores, tal vez el único momento de humor del disco), la miniatura ‘Provider’ y la canción homónima: los criterios de vitalidad rockera son manejados con solvencia y convicción mientras los exquisitos desarrollos melódicos se van explayando en estilizadas ingenierías típicamente progresivas. Mención especial para las vibrantes líneas de bajo que Jowitt gesta para la canción homónima. La pregunta inicial formulada en ‘Provider’ (“Are you inside, Provider, or am I?”) es el pistoletazo que marca el inicio del drama. El primer momento de explosividad auténticamente opulenta surge en ‘Sleepless Incidental’, canción que transita fluidamente entre el lirismo vulnerable, la neurosis sincopada en 5/4 y la majestuosa sección final que porta una imponente aureola románica. Acto seguido llega otro momento cumbre de dramatismo musical de la mano de ‘Failsafe’, canción que delinea portentosamente el fin de la ingenuidad y el inicio de la furia de vivir del protagonista. Tras disfrutar de un enérgico despliegue de briosos preciosismos melódicos, Nicholls hace declamar a su protagonista: “I don’t belong here. / I’m not your victim and I don’t believe. / I’m not strong here. / No religion, nothing more. / I’m telling you now / I’m not your candidate / Guaranteed failsafe. / I’m caught in a headrush / And I’m out of control.” ¡¡Bestial!!

El único momento de calidez emocional en todo el álbum llega de la mano de la dulce e irresistible balada ‘Speak My Name’, una de las más bellas creaciones que IQ han hecho hasta el día de hoy; cabe enfatizar que esta calidez es muy intensa por la manera que tiene de estremecer las fibras sensibles más delicadas del oyente empático. Es algo contemplativo y vehemente a la vez. Con una armazón inicial de teclados atmosféricos y matices de bajo sin trastes para que después entre el piano en la puntuación de las armonías básicas, Nicholls canta con aura vulnerable la dicha del protagonista: “A simple moment set aside / And I feel like I’m mine. / There are times when I remember, / But in my heart I’m not the same, / And I feel myself connected / Every time you speak my name, / You speak my name.” El solo de guitarra clásica – acompañado de tenue percusión menor – realza el candor romántico del motif central antes del último estribillo. Aunque esta canción es, desde lo estilístico, la rara avis dentro del repertorio, su diseño musical es idóneo para plasmar al unísono la magia del amor y la satisfacción del postergado descubrimiento de la identidad personal. De todas maneras, tal como expusimos en la síntesis narrativa que sirve de concepto para el disco, este gozo de amor resulta efímero y llega el momento en que el protagonista habrá de hundirse en la peor de sus pesadillas gradualmente. Con la ferocidad cadenciosa de ‘Tunnel Vision’ y el talante góticamente ominoso de ‘Infernal Chorus’ (mediando un intermedio espacial que aporta un aire psicodélicamente misterioso al asunto), el grupo concreta los recursos de más airada vitalidad y rabiosa exasperación del disco. El compás marcial que impone la dupla rítmica en el inicio de ‘Infernal Chorus’ y el acento siniestro de sus golpes finales culminan a lo grande esta noción musical. Las cosas se ponen un poco más etéreas con la dupla de ‘King Of Fools’ y ‘The Sense In Sanity’, piezas sostenidas sobre abundantes capas y ornamentos de sintetizadores: la primera de ellas ostenta una letra cínica que refleja la indefinida confusión del protagonista (en base a una melodía prestada de ‘Failsafe’) mientras que la segunda se centra en su sentimiento de culpa, la gran culpa de tener la sangre de un ser humano en sus manos. Las líneas “Now that I am far beyond beginning to belong / Maybe I don’t understand the sequence as I should. / Can’t tell left from right from wrong, / God from bad from good” son tremendamente elocuentes al respecto. El breve instrumental ‘State Of Mine’ – por poco no toca la barrera de los dos minutos – remodela la secuencia de marimbas sintetizadas en 7/8 de ‘The Sense of Sanity’ para derivar en un excitante vuelo de matices orientales con el bloque instrumental en pleno estableciendo una dinámica incandescente y usando el mismo tempo.

Tras la exótica plenitud que signó al clímax final del CD1, el CD2 retoma ese motif pero esta vez con un talante orquestal sobre los hombros del piano y la guitarra eléctrica: se trata de ‘Laid Low’, breve instrumental que abre la puerta para la emergencia de ‘Breathtaker’, una canción maciza cuyos grooves y cadencias nos recuerdan mucho a las de ‘Tunnel Vision’, y en menor medida, a las de ‘Failsafe’. El empleo de efectos mecánicos de rieles como ornamento ocasional del esquema rítmico enfatiza el ambiente urbano que impregna al concepto dramático del disco. ‘Capricorn’, por su parte, es una hermosa semibalada (muy a lo GENESIS) en la que los instintos de supervivencia del protagonista revelan la añoranza por aquel tiempo en que la nobleza y la inocencia eran las marcas esenciales de su espíritu: “Thinner than most sinners and saints alive. / Dare you speak my name? / So what if you’re temperamental / And I’m out of tears, out of sympathy? / So what if I’m elemental?…” El saxofón (recordemos que el invitado para ocasiones como ésta es Tony Wright) es el perfecto instrumento interlocutor de Nicholls, y termina por disolverse en un éter sonoro que despliega el brote del flotante instrumental ‘The Other Side’. Esta pieza fue compuesta y ejecutada casi integralmente por Holmes y se luce como un exquisito ejercicio de electrónica prog-sinfónica. ‘Unsolid Ground’ muestra la persistencia de rezagos de nobleza primitiva en el protagonista en el momento más pop del disco: suena muy al estilo de los CAMEL de fines de los 70s así como a lo que los mismos IQ hicieron en su periodo 87-89. ‘Somewhere In Time’ vira nuevamente a la faceta genuinamente épica de la banda, removiendo y remodelando estándares y ambientes que ya apreciamos antes en ‘Sleepless Incidental’ y ‘Failsafe’, además de recibir ecos del conmovedor lirismo de ‘Capricorn’. Tras el segundo estribillo, el asunto se pone un poco más filudo mientras la compacta aleación instrumental mantiene la impecablemente armonizada oleada sónica con miras a la edificación de un epílogo exaltado en 5/4. Algunas alusiones breves a retales temáticos de ‘Breathtaker’ e ‘Infernal Chorus’ parecen señalar que ya se avecina el momento del crucial encuentro entre nuestro protagonista y el amo de su ser-marioneta.

Las letras de este final de ‘Somewhere In Time’ y la de la breve semibalada ‘High Waters’ reflejan el momento del intento de rebelión contra Mockenrue: el hecho de que ‘High Waters’ porte una melodía triste y augusta indica a todas luces el hado fatal que aguarda a la vuelta de la esquina. Realmente es bellísimo ese motivo de piano que impulsa al núcleo melódico de ‘High Waters’, y el canto de Nicholls en clave reflexiva ayuda a realzar ese efecto; el ulterior solo de guitarra eleva a este talante reflexivo a un fulgor altanero y formidable. Durando 20 minutos exactos, ‘The Narrow Margin’ concluye el CD2 y el repertorio, y lo primero que escuchamos de él es la maquinaria locomotora que había aparecido antes en algunas secciones de ‘Breathtaker’. De todas maneras, en lo estrictamente melódico, lo primero que resuena sobre este groove mecánico es una soltura grácil guiada por los teclados mientras la guitarra llena sutilmente espacios con escalas rítmicas y fraseos sobrios. Es el momento en que los potenciales rebeldes son detenidos en masa por agentes de Mockenrue y son encadenados dentro de un tren rumbo a una fábrica abandonada en algún área rural. El entramado creado por los instrumentistas se focaliza simultáneamente en el desarrollo de relativamente sencillos encuadres melódicos con la armazón de vibraciones rítmicas razonablemente sofisticadas, siendo así que ésta aterriza en algún momento en un groove sencillo sobre el que el canto de Nicholls anticipa lo que será la melodía de cierre. A la altura de la frontera del noveno minuto irrumpe una sección elegantemente guerrera sobre un tempo sofisticado, el cual retrata el encierro de la multitud rebelde y el incendio de la fábrica. Solo sobrevive nuestro protagonista y sabe que lo único que le queda por hacer es tantear el camino de regreso a su lugar de origen para confrontar personalmente a su protector/opresor… y declarar su propia derrota moral. Este momento cumbre se expone musicalmente a través de un fascinante pasaje instrumental de inspiración céltica donde se alternan compases de 17/8, 7/8 y 6/8, para luego llegar a un grand finale que comienza en clave majestuosa con tonos orquestales (“Undeniably real and it’s better left unsaid, / All the love you said was nothing. / Find a rhinestone, not a diamond. / I never wanted this, Left alive and laid to rest.”) y termina en clave intimista con ribetes etéreos (“Through the dangerous times / I needed more than cold eyes, / I want to be alone / To dream myself away / from darkness and decay / As I try to forget it.”). El dulce dolor de la despedida al mundo y la agria liberación de la autoconciencia en una nueva reclusión conforman el único final que le estaba destinado a nuestro protagonista: un hombre demasiado brillante para conformarse con su propio desgarro pero cuya fuerza de voluntad y sensibilidad solo podían llevarle al ocaso prematuro más atroz. Si en la parca letra de ‘Provider’ el protagonista se preguntaba si había una figura protectora vigilándole o era solo producto de su imaginación, ahora que se vuelve a hacer la misma pregunta en la última línea de ‘The Narrow Margin’ (“ Provider, are you inside or am I?”) la cosa adquiere el significado de cuestionamiento filosófico que instantáneamente revela la futilidad de los fatuos fuegos de sus sueños de liberación.

Por supuesto, este proyecto musical debía tener un correlato teatral sobre los escenarios, así que la subsiguiente gira de promoción tuvo que desarrollarse en una cantidad muy específica de escenarios de varias localidades europeas donde la logística del local de turno posibilitara el entramado tecnológico diseñado para la ocasión. No se trataba solamente de una pantalla a espaldas del grupo donde se pudiera proyectar filmes, diapositivas y fotos tomadas del arte gráfica del disco, sino que también debía haber un ecran plegable al frente del grupo para algunas ocasiones en las cuales se tenía que hacer una proyección doble: un ejemplo es el momento de ‘The Narrow Margin’ donde la combinación de contraluz, iluminación y diapositivas debía dar la sensación de un encierro en un lugar oscuro mientras se está rodeado de crecientes llamas. También había una simbología en el vestuario del grupo, estando Nicholls vestido de blanco para las tres primeras canciones y la sección final de ‘The Narrow Margin’, mientras que para el resto del repertorio lleva un vestuario negro. Esto refleja la pérdida de la inocencia mientras su dramático periplo por la vida que él no escogió le hace madurar como un ser conflictuado, aceptando finalmente su derrota y ansiando recuperar la inocencia perdida. Mientras tanto, los músicos empiezan estando vestidos íntegramente de negro mientras cogen turno para cambiar sus respectivas camisetas negras por otras blancas. El show que el grupo ofreció el 4 de abril de 1999 en el 013 de Tilburg, Países Bajos, fue el escogido para su registro en el VHS “Subterranea – The Concert” así como para un CD doble. Siempre fue un lugar de buena acogida para el grupo y ahora fue escenario de este gran espectáculo. Un momento notable es el simulacro de pelea con el espía y su ulterior asesinato durante ‘Infernal Chorus’, siendo así que Nicholls porta una máscara de cuero. Con el paso del tiempo, este tremendo documento audiovisual tuvo su correspondiente reedición en DVD, más específicamente en el año 2000. Pero hay un capítulo adicional para el legado de esta magna obra progresiva pues en el año 2012, el grupo decidió hacer una mini-gira europea tocando el álbum entero con toda su parafernalia teatral por motivo de su aniversario #15. Para entonces, la alineación de IQ constaba de Nicholls, Holmes, Cook (quien había vuelto dos años antes tras un hiato de 5 años), el teclista Neil Durant y el repatriado bajista original Tim Esau. Un fastuoso adelanto de esta idea se había plasmado ya en la primera de dos jornadas que se habían armado para el trigésimo aniversario de la banda, exactamente el 22 y el 23 de octubre del año 2011 en De Boerderij, un local de la ciudad neerlandesa de Zoetermeer.

Como anécdota peculiar, hay un par de canciones bien acabadas que terminaron fuera del repertorio de “Subterranea” porque de alguna manera su inclusión hubiera afectado a la fluidez general del repertorio: una es ‘The Universal Scam’, dueña de una fiereza rockera vorazmente instalada sobre un llamativo medio tiempo; la otra es una etérea balada de tintes célticos titulada ‘Eyes Of The Blind’. Una de ellas debía aparecer durante el momento en que el protagonista estaba tentado a entrar en un culto religioso mientras que la otra debía aparecer después entre ‘Breathtaker’ y ‘Capricorn’. Como se tratan de canciones con personalidad definida, de todas maneras fueron incluidas en el recopilatorio de rarezas “The Lost Attic” (publicado en 1999), para beneplácito de los seguidores de la banda. En fin, no siendo precisamente objetos de gran misterio nuestro aprecio y nuestra admiración por el catálogo de IQ en tanto algo sumamente relevante para la solidificación del legado del rock progresivo desde la década de los 80s, hemos tratado de ser lo más objetivos posible. Bueno, subjetiva u objetivamente, “Subterranea” es, en nuestra humilde opinión, uno de los concept-albums más brillantes de la historia del rock progresivo, y ciertamente, una de las obras más notables de los 90s.

Reseña: César Inca Mendoza Loyola

Publicación original : http://autopoietican.blogspot.com.ar/2017/09/la-tragedia-subterranea-de-iq-20-anos.html

Airbound “Airbound” (Art Of Melody Music & Burning Minds Music Group 2017)

CoverItalia es otro de los países como Suecia donde las bandas de rock melódico salen por debajo de la tierra. En esta oportunidad nos llega el debut de Airbound, un quinteto formado por Tomás Borgogna en voz, Lorenzo Foddai en guitarras, Angelo Sasso en bajo, Alessandro Broggi en teclados y Riccardo Zappa en bateria.

Además contaron con la colaboración de Sven Larsson (Street Talk, Raintimes, Room Experience), Davide “Dave Rox” Barbieri (Wheels Of Fire, Raintimes, Charming Grace, Room Experience), Mario Percudani (Hungryheart, Shining Line, Ted Poley Axe) y Josh Zighetti (Hungryheart, Charming Grace) reconocidos músicos del estilo en estos últimos tiempos, al igual que Pierpaolo “Zorro” Monti (Charming Grace, Raintimes) quien colaboró con los arreglos de este debut homónimo.

Las influencias se dejan entrever desde el inicio con “Have A Good Time”, clásico y efectivo AOR o sea Journey, Survivor o Giant y hasta un toque de Bon Jovi sobre todo por la voz de Borgogna que también me hizo recordar a los españoles 91 Suite.

El disco es muy parejo, recurre a muchos elementos tradicionales del genero pero con mucha calidad como en “Till The End” o “Zhaneta”, está última con un soberbio solo de guitarra de Sven Larsson.

Como en toda banda de AOR los teclados cumplen un papel fundamental y en canciones como “Wasted World” y “She’s A Girl” se puede escuchar el notable trabajo de Broggi en las teclas al mejor estilo Jonathan Cain o Jim Peterik.

Las canciones restante no desentonan con el material, algunas más logradas que otras, pero vale recalcar que la producción es muy buena y no tiene nada que envidiarle, es más supera a muchos lanzamientos de otros sellos.

Una nueva e interesante banda para tener en cuenta si el rock melódico de los 80’s es lo tuyo.

–  PUNTAJE: 8 / 10 – 

Reseña: Diego Gonzalez

 

 

 

 

Jinetes Negros “Definitiva Mente” (Viajero Inmóvil Records 2017)

JN DMHoy nos toca el grato honor de presentar el nuevo trabajo de la genial banda argentina Jinetes Negros, el álbum conceptual titulado “Definitiva Mente”. El ensamble conformado por Marcelo Ezcurra [voz y guitarras], Octavio Stampalia [teclados y coros], Ricardo Penney [batería y coros], Pablo Robotti [guitarras] e Hipólito Courvoisier [bajo y voz] se ha lucido a lo grande en esta nueva dimensión de mágica grandilocuencia progresiva donde los han instalado su bandera. Una heroica subida a una nueva cima de la montaña de la música, ésta es la cosecha recogida en el repertorio de “Definitiva Mente”. Colaboradores ocasionales del quinteto que ahora nos ocupa han sido el baterista Christian Colaizzo, los bajistas Marcelo Vaccaro y Guido Stampalia, el saxofonista Gabriel Di Mario, y los vocalistas Maxi Trusso, Charly Moreno, Lucas Pagano y Miguel Zabaleta. La estructura de “Definitiva Mente” se ha armado como una ópera-rock progresiva, siendo el hilo temático de su núcleo conceptual el paso por diversas fases del desarrollo emocional y las diversas escalas del autodescubrimiento hasta llegar a una culminación inapelable. Más específicamente, se trata de un largo y denso viaje interior que realiza El Jinete Negro – personaje que ha acompañado a las canciones de todos los álbumes anteriores de la banda – para toparse sucesivamente con El Destino (todo está escrito en el fatum y nada podrá torcerlo) y El Libre Albedrío (es la propia voluntad quien forja la vida a ser vivida). Estas contrapartes causan una fuerte incertidumbre en el espíritu del Jinete que le hunden en La Angustia por un tiempo, aunque luego decide salir de ella para ir habitando momentáneamente en La Culpa, La Euforia, La Locura y El Amor como si fuesen posadas de tránsito. La última cabalgata del Jinete le lleva a su final enfrentamiento con El Tiempo, que resulta ser su propio Ego: el enfrentamiento se traduce en una batalla donde El Tiempo colapsa sobre sí mismo. He aquí una peculiar victoria del Jinete, quien obtiene un estado de trascendencia e iluminación: ¿es este estado su propia muerte o la vivencia realizada de una conciencia plena? – que lo dedica el oyente de turno.

Del quinteto que grabó el disco anterior “Tawa Sarira” (el cual data del año 2013) quedan Ezcurra, Stampalia y Ricardo Penney: el proceso de gestación, producción, grabación y edición de “Definitiva Mente” ha sido bastante largo, pero ya es una realidad concreta merced a los oficios del sello Viajero Inmóvil desde la última semana del pasado mes de agosto.

Yendo de una buena vez a los detalles del repertorio, comenzamos con los primeros 5 ¼ minutos del disco que están ocupados por ‘El Túnel Del Destino’, una canción que de entrada nos desafía con su ambientación rockeramente maciza que se articulan a través de una ingeniería introspectiva: así las cosas, los espacios que se abren para las capas y orquestaciones de teclado ayudan a realzar el inspirado esquema lírico de su desarrollo temático. El minúsculo prólogo cósmico y la estratégica presencia de algunos pasajes lentos son esenciales para completar debidamente la atmósfera central. Tras el fastuoso cierre de esta cautivadora canción inicial llega el turno de ‘Las Puertas De la Voluntad’, pieza de corte bucólico que sirve para que la reinante aureola de introspección se derive hacia una dimensión más calmada… e incluso autoafirmativa, optimista. Cerca del final, los arreglos orquestales y de piano completan un hermoso retazo sinfónico. Con la dupla de ‘Dos Caras’ y ‘Decidir’, el ensamble se dispone a orientar sus estrategias creativas hacia sanas ampliaciones de espiritualidades y atmósferas. En efecto, ‘Dos Caras’ instala recursos expresivos de vigor rockero bajo un convincentemente sofisticado esquema progresivo, valiéndose de una letra que alterna momentos de urgencia con otros de placidez. La inclusión de factores arábigos en el multicolor desarrollo temático es manejada con enorme ingenio. Aquí se siente un extraño híbrido de Karmakanic, EL &P y Genesis de la etapa 76-78, aunque siempre con el sello personal que el personal de Jinetes Negros  viene madurando desde siempre. Por su parte, ‘Decidir’ se explaya en un esbozo reflexivo y calmado que hasta cierto punto coquetea con estándares del folk-rock, pero el fulgor progresivo se hace notar fuertemente en ciertos detalles sobriamente complejos del desarrollo del groove en clave fusionesca y en la presencia de algunos pasajes extrovertidos marcados por un estilizado fragor rockero.

‘El Cuerpo De La Angustia’ regresa al relajado intimismo de ‘Las Puertas De La Voluntad’ pero esta vez con un retrato de vulnerable melancolía. Las florituras de piano que ilustran varios parajes del desarrollo temático están entre lo más mágico de todo el álbum, y lo mismo vale para algunos retazos orquestales que también entran a tallar en algunos momentos. ‘Laberinto Del Deseo’ se suelta animosamente sobre terrenos jazz-progresivos con un lirismo delicado que nos recuerda abiertamente a los estándares de Serú Girán y Spinetta-Jade, aunque también notamos algunos matices Yessianos en algunos arreglos de guitarra. Una canción muy bella que estimula vibraciones positivas en un clima de envolvente serenidad. ‘El Diván De La Culpa’ recoge en buena medida el impulso lírico de la canción precedente y le da un filo más aguerrido: esta vez hay un sano equilibrio entre los etéreos pasajes de talante sinfónico y los otros más guerreros donde el estándar del rock duro impone su ley. Las alternancias de los solos de guitarra y órgano son manejadas con el suficiente buen criterio como para dejar que el aspecto fiero de esta canción sepa enriquecerse del vitalismo melódico en curso. La sección final termina con un aire ceremonioso al cual le hará abierto contraste el dinamismo contundente de ‘El Parque De La Euforia’, una canción de núcleo pop-rockero que brinda una sana dosis de aire fresco. De todas maneras, algunos trucos de sobria sofisticación en el interludio instrumental permiten a ‘El Parque De La Euforia’ también alzar su propio vuelo de euforia musical. ‘Molino De Locura’ se orienta hacia un groove blues-rockero para la instalación de su esquema melódico, lo cual se traduce en una atmósfera amable revestida de un vigor preciosista donde los instrumentos dialogantes llenan espacios a todo dar; esta espiritualidad envolvente se ahonda con especial conmoción con el arribo de ‘Retrato Del Amor’, balada sinfónica signada por una romántica intensidad que hace de la fragilidad la clave de su fuerza de carácter, por paradójico que pueda sonar. El piano dirige el desarrollo temático con aires Wakemanianos mientras el saxo entra en acción como un acicate de las vibraciones melódicas en curso.

Tras haber utilizado la secuencia de las dos canciones precedentes para reforzar esta atmósfera de creciente intimismo, el grupo se hace cargo de volver a agitar las cosas con ‘La Última Cabalgata’. Aquí tenemos un nuevo ejercicio de electrizante nervio rockero en un contexto progresivo: tremendamente compacta es la impecable armazón entre el brío del grupo y los elementos orquestales. Además, se trata de una canción con enorme gancho de por sí. Nos vamos acercando al final del disco cuando nos topamos con la dupla de ‘Memorias Del Camino’ y ‘El Altar Del Tiempo’. La primera de estas canciones ostenta un clima sigiloso cuyas claves melódicas reposan en las diversas vibraciones orquestales que salen al paso, mientras que la segunda se explaya en aires extrovertidos y empujes fulgurosos por vía de una estrategia hard-progresiva – casi bordeando con estándares del prog-metal –, con lo cual la dinámica sonora parece enfilarse hacia un canto final de victoria. El clamor “¡Soy el tiempo que te atrapó!” deja una huella permanente durante la elaboración del clímax conclusivo (con arreglo coral y todo). ‘Redención’ cierra el repertorio como un soplo de sublime solemnidad a través de un encantador retrato sonoro plasmado al unísono por el piano y la orquestación. Mientras avanza el crescendo se afianza una reflexión final desde donde se pretende retomar, revisar y sintetizar todo el cúmulo de ideas e inquietudes que se habían mostrado en la serie de las 13 piezas precedentes.

Así termina el concepto de “Definitiva Mente”, una obra monumental que no solo significa un nuevo cénit dentro de la obra viviente de Jinetes Negros sino que también encarna un momento cumbre dentro del perpetuo sueño de la tradición progresiva sinfónica Argentina de ayer y hoy. Es una maravilla este disco, un apogeo definitivo dentro del ideario artístico de la banda, por lo que solo nos queda decir lo obvio: la inclusión de “Definitiva Mente” en cualquier colección medianamente buena de art-rock es recomendada al 200%.

–  PUNTAJE: 9 / 10 – 

Reseña: César Inca Mendoza Loyola

 

Lionheart “Second Nature” (AOR Heaven 2017)

CoverLionheart vuelven después de 33 años con este gran disco “Second Nature” y con la novedad de contar en las voces con el gran Lee Small de Shy (tomando el puesto del cantante original Chad Brown) y con Clive Edwards en los parches, completan la formación Dennis Stratton en guitarras, Steve Mann en guitarras y teclados y Rocky Newton en bajo, estos 3 músicos ya participaron de aquel lejano primer disco “Hot Tonight” de 1984, una joya para los amantes del AOR y el hard rock.

Si les gusta el hard rock, aor con clase y melódico este es el disco que tienen que escuchar!

La intro “Reprise” nos introduce en el disco con unos teclados bien ambientales para enlazar con el primer tema. Sí quieren gancho y buenas teclas no se pierdan “Give Me The Light”, tremendo tema para arrancar! Y que decir de esos grandes coros.
Y acá llega una de mis favoritas “Don’t Pay The Ferrymen”, enorme tema… Que arreglos, que voces! Y el estribillo es colosal!

Con la elegancia propia del aor nos llega “Angels With Dirty Faces“, acá lo de Lee es fenomenal, como maneja los registros es para remarcar y cuenta con un final soberbio.
“30 Years” es hard rock en toda regla, la batería lleva el ritmo y es uno de los temas mas heavys del disco. El solo es buenísimo, mucho feeling y los dos violeros dando cátedra. Temazo!

El instrumental “On Our Way” es sentimiento puro y da paso al tema homónimo donde las teclas abren el paso para después entrar la banda y facturar un gran tema melódico.
“Prisoner” tiene ese aroma bien Survivor, con las teclas llevando el peso del tema. El estribillo tiene aroma a Magnum, con aura épica y oscura. El final es increíble, los coros entrelazados con Lee quedan buenísimos!

La balada “Every Boy In Town” rompe corazones y Lee le da con su voz mucho sentimiento a la canción. En un mundo ideal este tema sonaría en todos lados, me encanta como manejan los coros en todo el disco. Riff hardrockero a full para “Time Is Watching”, acá Lee utiliza su registro más grave en las estrofas, en el estribillo levanta el rango y factura una melodía con sabor a los Royal Hunt, gran tema.

Vamos llegando al final con “Heartbeat Radio” y creo que es el tema más flojo del disco, veníamos con mucho nivel jeje…Y para ir cerrando nos llega a todo trapo el tema “Lionheart”… Hard a pleno que te deja knock out…
Y llegamos al final de la mano de “Reprise”, un breve epilogo tipo final de película.

Como verán el disco me encanto… Un trabajo digno de grandes músicos y un vocalista extraordinario.
Denle play y rockeen!!!!

– PUNTAJE: 8,50/10 –

Reseña: Luciano Vidas

 

Threshold “Legends Of The Shires” (Nuclear Blast 2017)

Threshold - Legends Of The Shires - ArtworkUna de las agrupaciones más veteranas de la escena del metal progresivo es Threshold, la banda inglesa que a principios de los 90’s desde Inglaterra asomaron la cabeza para decir “acá estamos” con un disco debut formidable como lo es “Wounded Land” y de ahí en más no pararon hasta el día de la fecha.

Hoy tenemos ante nosotros su primer disco doble y conceptual “Legends Of The Shires” (un disco muy político que trata además como el Reino Unido se inserto en Europa, entre otros temas), un álbum que marca un cambio importante (nuevamente) en la banda. Luego de la muerte de Andrew “Mac” McDermott (2011), fueron a la búsqueda de su primer cantante, el fenomenal Damian Wilson (Wakeman, Headspace), quien acompaño al grupo dejando dos discos estupendos en esta tercera etapa con Threshold, ya que grabo el primer álbum, se fue, volvió para el tercero y reapareció en el año 2012.

Todo hacía pensar que el nuevo material del grupo tendría a Wilson como vocalista, pero comunicado de por medio, se anunció que era despedido del grupo. Luego se comunico el regreso de su segundo vocalista Glynn Morgan quien grabo en 1994 el disco “Psychedelicatessen”. No solo volvió al grupo sino que tuvo que regrabar todas las voces del álbum que ya habían sido grabadas por Wilson….

El álbum esta dividido en dos partes “The Shire Part 1 y 2”. El balance en lo musical es perfecto, tiene todos los ingredientes clásicos del grupo, con la guitarra de Karl Groom al frente deleitándonos con esos riffs asesinos y los teclados de Richard West que en esta oportunidad obtienen un papel más protagónico que en el pasado. La base de Steve Anderson (bajo) y Johanne James (bateria) es un muro, la precisión de éste último sigue sorprendiendo. Y la incógnita de todo esto es como se adaptaría Glynn Morgan nuevamente al grupo, y la verdad que desde el comienzo no solo deja en claro que su voz está intacta, sino que además se lo escucha más suelto que en aquel disco del 94′.

Elegir algunas pocas canciones para destacar es realmente muy difícil, pero haré el intento. En la primera parte pueden empezar por  “Small Dark Lines”, sencillamente te pasa por encima y te deja un estribillo memorable. “The Man Who Saw Through Time” es la pieza más extensa de la primera parte, donde aparece el Threshold más elaborado trayendo el espíritu sinfónico del debut. “Stars And Satellites” muestra el enfoque melódico y experimental, donde reluce la influencia Floydiana sobre todo cuando Groom despliega su solo.

Repitiendo melodías vamos a la segunda parte, “The Shire (Part. II)”  tiene un comienzo acústico y la voz de Glynn Morgan dejando en claro que esta para reemplazar a Damian Wilson sin problemas. “Snowblind” es otra canción que recuerda a la era Mac, donde el metal, lo melódico y progresivo estaban en dosis justas y tenían un resultado para sacarse el sombrero. El disco en lineas generales tiene mucho de ese periodo del grupo sobre todo del que va desde “Hypothetical” hasta “Subsurface”. Siguiendo con las canciones se toparán con “State Of Independence” una emotiva balada en la linea de “Falling Away” del estupendo “Critical Mass” y la suite épica es “Lost In Translation”, marcando así dos facetas diferentes de Threshold, por las que a mí personalmente siempre me compraron.

Como dije previamente, es difícil hablar de este disco nombrando solo unas pocas canciones, ya que las catorce composiciones son muy parejas, hay variedad y por sobre todo no aburre, Threshold nunca fue una banda muy pretenciosa y siempre se aferro a lo que mejor saben hacer. En está ocasión dieron en el clavo y no tengo dudas que estamos presente ante uno de sus mejores trabajos.

 – PUNTAJE: 10 / 10 – 

Reseña: Diego Gonzalez

 

Fates Warning: 20 años de “A Pleasant Shade Of Gray”

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RETROSPECTIVA DE “A PLEASANT SHADE OF GRAY” DE FATES WARNING

Hoy viajamos a través del pasado remontándonos a 20 años y meses más atrás, para decirlo con mayor especificación, nos vamos al día 22 de abril del año 1997 que fue cuando el grupo estadounidense FATES WARNING lanzó al mercado su octavo disco de estudio: “A Pleasant Shade Of Gray”. Con este disco conceptual se inició una nueva fase dentro de la trayectoria de esta banda pionera de la vertiente prog-metalera del gran escenario progresivo del mundo. FATES WARNING y WATCHTOWER fueron mencionados varias veces por los más mediáticos DREAM THEATER como referentes pioneros de esta modalidad de avanzada rockera. Para el tiempo de “A Pleasant Shade Of Gray”, el grupo estaba reducido al trío de Jim Matheos [guitarras y composición], Roy Alder [canto] y Mark Zonder [batería y percusiones electrónicas y acústicas]. Matheos estaba decidido a dar un viraje renovador al esquema sonoro de la banda tras tantear una musicalidad vivaz y llamativa en los dos discos precedentes “Parallels” (1991) e “Inside Out” (1994): ahora la idea era explorar texturas, atmósferas sombrías y utilizar el rol de los teclados con mayor insistencia, todo ello de acuerdo a la temática introspectiva e turbada de las letras. Pero también es verdad que la logística del grupo estaba obligando por otro lado a que se replanteara drásticamente la logística grupal, pues era la primera vez en la historia de FATES WARNING que el personal incluía a un solo guitarrista. El socio eterno de Matheos, Frank Aresti, se fue la banda tras la gira del “Inside Out”, y el bajista Joe Di Biase también hizo lo propio. Ante estas circunstancias, tuvo que entrar en acción el bajista Joey Vera, todavía como mero colaborador y no como miembro oficial, aunque su rol bastante activo como ingeniero de sonido, y luego productor del vídeo en vivo de la gira de este disco, le abrirían pronto las puertas para una membrecía oficial. En lo referente a la labor de los teclados, Kevin Moore – amigo personal de Matheos y desde tres años atrás desertor de DREAM THEATER – se hizo cargo del asunto, pero se mantuvo en una posición de concentrarse exclusivamente en su carrera solista y ser estrictamente un colaborador en las labores de estudio. Ni siquiera estuvo presente en las actuaciones en vivo para la gira de promoción del disco en cuestión.

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Tal como mencionamos anteriormente, la presencia de los teclados es crucial en el nuevo sonido de la banda, realzando con sus cortinas, arpegios y orquestaciones varias el tono sinfónico que los FATES WARNING querían insertar en esta nueva fase de su carrera, pero también hay algunos factores de inspiración industrial en la ecuación global. De este modo, los aportes de tambores electrónicos a cargo de un siempre magistral Zonder también resultan de particular relevancia. Matheos, siendo el guitarrista menos acrobático del grupo, mantiene un perfil bastante discreto dentro del gran entramado instrumental: solo hay dos solos a lo largo de la secuencia de doce partes del concepto, y por lo general, su labor está centrada en los armados de riffs y secuencias armónicas. El mayor síntoma de virtuosismo de su parte está manifestado en un hermoso pasaje de guitarra clásica en cuyos detalles entraremos más tarde. ¿Y qué decir del desempeño vocal de Alder? Simplemente fenomenal, siempre capaz de mantener los diferentes matices de la densidad emocional que atraviesa sigilosa y penitentemente a todo el álbum. El talante expresionista de “A Pleasant Shade Of Gray” no está concentrado en la exaltación de múltiples colores sino en la minuciosa ingeniería de sonidos, compases y ambientes que conforman el esqueleto y la piel musicales de cada sección, siendo así que una solo completa su sentido en la ilación de todas ellas. Eso impone el tono reflexivo y melancólico del repertorio, aunque no está exento de pasajes rápidos, que quede claro, en todo caso, es lo impresionista lo que más se destaca con el uso mayoritario de puntillazos y retazos de color. Moore, siendo sobre el papel un mero invitado (de lujo), recibe espacio suficiente para dar buena rienda a su personal manejo claroscuro y denso de las cortinas y adornos de los teclados, creando así un crucial realce de la emotividad grisácea y señorial del repertorio.

La primera parte avisa de forma clara y honesta el tipo de inquietud emocional que va a desplegarse en diversas trombas a lo largo del disco: por ahora, tenemos la parca emisión de uno de los motifs recurrentes y el anuncio de una noción constante: “So where do we begin / And what else can we say? / When the lines are all drawn, / What should we do today?” La secuencia de las partes segunda y tercera se adentra con una prestancia imponente por los parámetros metaleros con una soltura mágica que es resultado de las cadencias manejadas en el momento: de hecho, hay un vigor especialmente afilado en la Parte II que se resalta muy convenientemente con el filtro mecanicista que se pone al canto de Alder durante las mudanzas. Part II porta una mayor fiereza emocional mientras se centra en un tempo menos intenso… pero igualmente está allí la furia rigiendo las fuerzas sónicas bajo las cuales opera el bloque instrumental. Part IV tiene menos letras que las dos precedentes, lo cual permite al ensamble adentrarse con más fruición en la presión emocional reinante: persistente e intransigente, su convincente vitalidad marca un momento de precisa luminosidad sinfónica. Como anécdota simpática, nótense las breves citas del clásico del segundo álbum de DREAM THEATER ‘Take The Time’ en el rollo instrumental. La Part V prosigue por esta senda de elástica fastuosidad con sus poco menos de 5 ½ minutos de duración enmarcados en una ilación de diversos grooves y variados recursos melódicos hilados con compacta minuciosidad. También tenemos en esta instancia el primer pasaje donde se hace esta proclama tan cruel como derrotada: “Let nothing bleed into nothing / And did nothing. / Let nothing bleed into nothing / And did nothing at all.” Furia que se desgarra mientras se vuelca sobre la misma conciencia que la sostiene. La sexta parte escarba insistentemente en este vestigio de vulnerabilidad para desplegar un conmovedor clima de balada progresiva: durando casi 7 ½ minutos, sus delineamientos melódicos transitan bajo las guías conjugadas de MARILLION, GENESIS y PINK FLOYD. La fastuosidad introducida en la instancia inmediatamente anterior se torna aquí retrato sonoro del último fulgor del crepúsculo. Tremendo testamento del remordimiento el que hallamos en estas líneas: “And I know we can’t turn back all the years, / Time reflected in a shade of gray, / but I often wonder what could have been / And I still hold on to yesterday.” Las lánguidas capas graves de sintetizador del epílogo funcionan como un necesario momento de calma tras esta gloriosa tormenta de temerarios lamentos: Alder vuelve a enunciar la pregunta con que inició su canto para anticipar una nueva tormenta, la que viene diseñada por la siguiente sección, la gloriosa Part VII.

Part VII está situada en el mismo corazón de la suite con un excelente criterio estratégico pues su núcleo temático y su poesía retoman ideas precedentes, proveyendo al primero de una musculatura renovada y a la segunda con una vehemencia remodelada bajo cuyo fragor la furia insistente adquiere matices de cinismo y de incertidumbre. Haciendo un uso medido pero convincente de la polenta rockera, esta pieza instaura un momentum irrefrenable; el clamor de “Guzabe! Guzabe!” trastoca su usual espiritualidad animosa a otra horrorífica y paranoide. La conciencia proyecta en el éter un espejo imaginario sobre sí mismo y se observa maquinando utopías desesperadas: “Stare from the darkness. / Hear the silence call? / Devise divisions, delay decisions, Watch the hours crawl and…” Y… la respuesta al enigma llega con la enésima afirmación de la propia indolencia que nada gana a fin de cuentas con sus golpes de pecho: “… Let nothing bleed into nothing / And do nothing? / Let nothing bleed into nothing / And do nothing at all?”He aquí el momento en que los recursos de vitalidad rockera vertidos en las partes segunda, tercera y quinta se sintetizan de manera decisiva, siendo así que Part VIII está diseñada para completar debidamente el regio empuje del bloque instrumental. Mientras el encuadre de guitarra, bajo y batería elabora un clímax crucial a su propio ritmo, los teclados promueven un subterfugio de clasicismo barroco, primero con ominosos serpenteos de piano, y luego impulsando un hermoso trío de piano y dos guitarras clásicas. Todos esos aleteos y marejadas de arpegios aterrizan en una minúscula serie de golpes sincopados en 12/8 que no nos permite olvidar que la tensión emocional es, al fin y al cabo, la fuerza guía de la suite. Ese trío de piano y dos guitarras clásicas es tal vez el retrato de una llovizna de lágrimas solitarias. Part IX cambia notoriamente de registro hacia un esquema de balada, una bellísima balada que incluye el solo de guitarra más penetrante del disco. La conciencia se da un momento de reposo para dejarse llevar por la faceta más dulce de la nostalgia: “Where you are, I am / Through nights that never end. / Where you are, I am / In words I’ll never send.”

Part X es una breve incursión industrial cuyas vibraciones etéreamente modernistas instalan un oportuno puente entre el mullido romanticismo de Part IX y las expresividades más sueltas que nos esperan en lo que queda del álbum. Part XI vuelve por la vía de las vibraciones y estremecimientos de tenor focalizadamente metalero, traduciendo la estilizada candidez del paraje final de la octava parte en el centro temático bajo la ingeniería dual de guitarra y bajo.  Mientras eso sucede, la batería de Zonder impone su particular señorío en el procedimiento de llenado de espacios: un swing magnífico, una vitalidad elegante, redobles increíbles donde la fuerza del rock se reviste de una elegancia inaudita. Tenemos aquí revisiones de los espíritus de las partes cuarta y quinta con ecos añadidos de la garra que marcó a la segunda. Y bien, tiene que llegar el momento de la sección final, Part XII, cuyas secciones inicial y final se apoyan sobre el juego de síncopas con el cual había terminado Part VIII, pero esta vez en base a los cortantemente parcos fraseos de la guitarra. El tipo de vitalidad que la guitarra aporta según estas circunstancias logra permanecer bien asentado en la aureola de añoranza y aflicción que ha reinado a lo largo de todo el disco. Por su parte, la sección intermedia se centra en un compás de 10/8 por vía de una cadencia majestuosa que da la apariencia de espiritualidad distante, pero que tal vez sea el comienzo de una serenidad largamente requerida (o la esperanza de ese comienzo): las líneas finales son muy elocuentes al respecto – “Face to face we’ll awake / To see another day / And with hope in our hearts / Embrace this shade of gray, / This pleasant shade of gray.” Esa mezcla de languidez y estoicismo que  se exterioriza en el canto final de Alder en consonancia con la letanía minimalista de la guitarra resuena como un oráculo que responde a los últimos remordimientos expresados en líneas como éstas: “I remember winter / And I remember strain / Like the sound of your voice, breaking,  / These memories and more remain.” Tras unos minutos de silencio suena el despertador de un reloj, el clamor del nuevo día que efectivamente reclama nuestro decisivo despertar.

En cuanto a las versiones en vivo de esta obra completa, hay dos referentes fonográficos precisos: uno es el vídeo “A Pleasant Shade Of Gray – Live” y el otro es el doble CD en vivo “Still Life”. El primer ítem fue publicado originalmente en VHS a inicios de 1998, siendo así que el personal que tocaba sobre el escenario constaba de Matheos, Alder, Zonder, Vera y el teclista Ed Roth. Vera intensificaba su presencia en el grupo haciéndose cargo de la producción y filmación del material visual que complementaba al concepto del álbum dentro del contexto de un concierto. En una ulterior reedición doble de “A Pleasant Shade Of Gray” se incluía este vídeo como DVD que acompañaba al CD original: el sello Metal Blade se encargó de esto en el año 2006. En cuanto a “Still Life”, se trata de un doble CD en vivo publicado en octubre del mismo año 1998 en el que el primer volumen estaba íntegramente dedicado al disco conceptual que ahora nos ocupa. En esta ocasión, el músico invitado a los teclados es Jason Keaser. Como el segundo volumen contenía temas de discos anteriores, la presencia de otro guitarrista resultaba obligatoria, por lo que el grupo convocó a Bernie Versailles para cumplir con ese rol. La idea de comenzar la segunda parte de este repertorio con una suite tan enorme como ‘The Ivory Gates Of Dreams’ es bastante osada, pero todo sale bien de acuerdo al buen oficio que siempre caracterizó a FATES WARNING. Bueno, aquí termina ya nuestra retrospectiva de “A Pleasant Shade Of Gray”: un trabajo creado con ambiciones musicales tan monumentales y ejecutado con tanto oficio y tanta sensibilidad debe quedar inscrito en la historia como uno de los discos más relevantes del género metal-progresivo, aunque en verdad el producto final llegaba a desafiar las barreras habituales del susodicho género. Posiblemente lo más justo es evaluar su presencia en la historia del rock de los 90s como una apuesta por un nuevo talante dentro de la avanzada progresiva de aquel entonces: como sea… ¡qué gran disco! Una obra maestra definitiva de FATES WARNING.

Nota: César Inca Mendoza Loyola

[Esta retrospectiva está en cierta medida basada en la reseña originalmente publicada en La Caja de Música: enlace https://www.dlsi.ua.es/~inesta/LCDM/Discos/fateswarning_apleasantshade.html]

Kee Of Hearts “Kee Of Hearts” (Frontiers Records 2017)

KOHHacía bastante que Frontiers Records no la pegaba con un proyecto. Creo que Kee Of Hearts es de lo mejor que hizo el sello, unió a la voz de Fair Warning, el fenomenal Tommy Heart y por otro lado invito al ex guitarrista de Europe Kee Marcello. Además de contar con Ken Sandin de Alien en el bajo y al italiano Marco Di Salvia en bateria. Los teclados como la grabación, la mezcla y producción corrieron a cargo de Alessandro Del Vecchio (¡no podría ser de otra manera!).

El debut de Kee of Hearts es tan directo y accesible como atrapante, puro hard rock melódico, ¿suena a Fair Warning? por supuesto y al viejo de sus primeros álbumes que te volvaban la cabeza. ¿Suena a Europe? , hay guiños al querido “Prisioners In Paradise” donde Marcello reemplazo a John Norum y lo hizo a la perfección. Pero también hay mucho rock AOR americano con Journey, Giant o Survivor como referentes.

Desde el inicio con “The Storm” queda claro el camino de esta banda que tiene pinta de ir por mas y no quedar en un simple proyecto. Bases potentes, guitarras en primer plano y la voz de Tommy Heart brillando ante cada intervención.

Mi preferida de entrada es “New Dimension” , uno de los cortes del álbum, tiempo cansino y a la vez muy ganchero con unas lineas melódicas sublimes, que recuerdan a Royal Hunt en comienzos.

“Crimson Dawn” es otro golpe al mentón, con un estribillo adictivo y unas intervenciones de Kee Marcello que demuestran su estilo único. Una pieza de hard rock melódico muy bien trabajada.

En “Bridge To Heaven” se nota la influencia de Journey de principio a fin, una canción que suena aguerrida con la voz de Heart pero que tranquilamente Schon y cía la pudieron haber incluido en “Arrival”.

Más hard rock tendrán con “Stranded”, riff guitarrero y teclados al frente, una canción dinámica y que fluje sin dejar nada perdido. El estribillo y los coros nuevamente para aplaudir de pie.

Con “Mama Don’t Cry”  reaparece el AOR y la clase de estos veteranos del estilo, una letra y estribillo tan obvia como efectiva.  Lo mismo pasa con “Invicible”, aunque dentro del material en conjunto pasa desapercibida, le falta madurar aún.

En “S.O.S” la banda levanta el nivel con una gran demostración de AOR europeo al igual que en “Edge Of Paradise”, otro de los picos altos del disco.

En el tramo final nos topamos con “Twist Of Fate” , otra composición con la marca registrada del sello , por lo que les sonará a los millones de proyectos y bandas que lanzó el sello como las que produjo Del Vecchio. 

El cierre está a cargo de la veloz  y rockera “Learn To Live Again”, para darle un final feliz a este disco debut que no defraudo. Dieron lo que se esperaba y el resultado es positivo, sobre todo para aquellos fans de Fair Warning que vienen con discos muy flojos y para los que gustan del Europe de Marcello sin dudas es “el” disco que deben tener en sus casas.

–  PUNTAJE: 8 / 10 – 

Reseña: Diego Gonzalez

 

 

Tony Mills “Streets Of Chance” (Battlegod Productions/Norvox 2017)

Streets Of ChanceNos acaba de llegar el nuevo disco solista de Tony Mills, reconocido cantante por haber pasado por Shy (grabo el estupendo e indispensable “Excess All Areas“) y tuvo un paso por TNT, además de varios proyectos y colaboraciones.

“Streets Of Chance” es un regreso a su costado melódico que no tenía su antecesor “Over My Dead Body” (2015) y vale decir que ha sacado un resultado mucho mas interesante, ¡esto es lo tuyo Tony!

Además para esta obra contó con los servicios de artista de primer nivel como Joel Hoestra (Whitesnake), Tommy Denander, Bobby Boebel (Frontline), Tom Martin (Vega), Eric Ragno, entre otros y como curiosidad comparte las voces (aunque están en un segundo plano) con Pete Newdeck (Tainted Nation, Blood Red Saints) quien además grabo las baterias.

Las diez canciones del álbum mantienen un nivel parejo, algo lineal por momentos, pero el resultado es bueno sobre todo en canciones como “Scars”, “Legacy”, “The Art Of Letting Go” o “Stormwarning”, que son una muestra de la  variedad del material.

Recomendable disco para aquellos amantes del buen AOR, y si venís siguiendo la carrera de Mills es indispensable y muy superior a lo que venía haciendo hasta el momento.

–  PUNTAJE: 7 / 10 – 

Reseña: Diego Gonzalez

 

 

 

 

Leprous “Malina” (Inside Out Music 2017)

Press_Cover_01Leprous esta entre las bandas más valoradas de los últimos tiempos dentro del mundillo del metal progresivo actual, vienen dando que hablar desde la edición de “Bilateral” (2011) su tercer álbum. A partir de ahí fueron creciendo no solo a nivel seguidores, sino como músicos, paso “Coal” (2013) y “The Congregation” (2015) que era hasta ahora su último trabajo, y se subió al podio de “lo mejor de Leprous“.

Ahora nos toca hablar de “Malina”, la nueva propuesta de los noruegos, que van orientando su camino a terrenos más reposados, obviando las voces guturales de su formidable cantante Einar Solberg, quien hace un trabajo de lujo en todo el álbum. Pero no es el único, ya que el resto de la banda no se queda atrás y desde el comienzo con la jazzera “Bonneville” van mostrando el cambio de dirección del grupo, donde las melodías tienen un protagonismo absoluto y solo explotan cuando es necesario.

La faceta rockera de vanguardia del grupo la explotan en “Stuck” donde suben y bajan de climas como pocos, con el agregado de orquestaciones que se repiten en varias canciones y le dan un toque exquisito.

¿Como hacer una canción accesible y progresiva a la vez?, vayan a “From The Flame” y déjense llevar por la estremecedora voz de Solberg. La energía de “Captive” sacudirá a mas de uno, aunque da la sensación que era una canción para trabajarla o extenderla más, algo que no pasa en “Illuminate” que tiene lo justo y necesario.

Después de varias canciones explosivas, bajamos a tierra con la emotiva “Leashes” , que luego dará lugar a la intrincada “Mirage”, donde la base de Baard Kolstad (bateria) y Simen Børven (bajo) van y vienen cambiando de ritmo constantemente, pero cuando hay que ser sólidos como una roca lo soy y te explotan la cabeza.

La canción “Malina” es otra dosis de calma para los oídos, y es la canción donde la voz se destaca desde el minuto 0, quizás no sea una canción interesante, pero vale la pena por lo menos para disfrutar el trabajo vocal de Solberg.

Y cuando te estabas por dormir…aparece “Coma”, una buena carta de presentación para mostrarle a alguien que busca o quiere saber como suena el metal progresivo en la actualidad.

“The Weight Of Disaster” es otra de las composiciones que tiene ese toque jazzero, pero que se fusiona con el metal moderno de estos muchachos y más de allá de gustos hay que reconocer que logran algo muy interesante.

El final llega con “The Last Milestone”, un final básicamente orquestal con la presencia de la voz, la canción más extensa del disco que sinceramente es lo peor del álbum, las intervenciones de las cuerdas es lo más interesante.

Leprous con este nuevo álbum no tengo dudas que seguirán dando que hablar, ya es una banda de las primeras ligas y cada lanzamiento es muy esperado. Hay un cambio de dirección (no muy notable), pero estoy seguro que no va a defraudar a sus seguidores.

– PUNTAJE: 8 / 10 – 

Reseña: Diego Gonzalez